Ayer en una mentoria analizabamos una consulta que realizó una persona proporcionando muy poca información y con una petición que parecía simple de responder, quería dar de baja un servicio.
¿Por qué consultar a un abogado? Porque no le tomaban la baja al no ser el titular del servicio y quién era titular del servicio, no era titular del medio de pago con que se abonaba. Un entuerto.
El buen abogado no es el que habla más, de manera apresurada y abrupta, es el que pregunta mejor y escucha con atención.
Empezamos a pensar que información estaba faltando ante la posibilidad que, de proceder de manera abrupta, esto pudiera producir un nuevo problema al cliente que se sumaría al que ya tiene y era objeto de la consulta.
El servicio era una alarma, contratada en protección de lo que había sido el hogar conyugal donde vivian uno de los progenitores con sus hijos. La pareja se estaba separando.
Fue así que el panorama fue cambiando.
Y si este pedido de baja pudiera ser catalogado de violencia económica?
Qué resultaría necesario hacer de modo previo a solicitar la baja del débito de la tarjeta?
Que daño podría ocasionar tramitar la baja sin que la otra parte tenga la opción de proporcionar una tarjeta propia para no quedar sin protección?
Resulta que si la consulta se hubiera limitado a un análisis vertical podría haber llevado a confeccionar una carta documento de baja, con el consecuente resultado dañoso, mientras que, a partir de un análisis transversal de la situación, la conclusión cambiaba y marcaba un camino distinto, de precaución y mayor acopio de información antes de efectuar el diagnóstico jurídico.
¿Análisis vertical o transversal?
Buen fin de semana.
