Hoy me tocó contestar el traslado de un memorial de agravios.
Que terrible es tener que leer y contestar un escrito que no tiene estructura, orden, argumentos, que es un fárrago de expresiones que carecen de sustento fáctico y jurídico.
Cómo no perderse en argumentos vacios? Es el desafío mayor.
En este caso, la decisión atacada tiene un buen análisis argumental, fáctico y jurídico y resulta evidente que al no tener argumentos, puso todo dentro de una licuadora y salió algo indescriptible.
Si no hay argumentos….para qué presentar la apelación?
Para cumplir la formalidad?
Somos conscientes que el escrito es una forma de presentarnos ante el otro? Si el escrito es impresentable, nosotros pasamos a ser impresentables, confusos, engorrosos, tediosos, aburridos, desprolijos, anodinos y por ende, olvidables.
Siempre es mas dificil contestar un mal escrito.
Cuando uno se encuentra con un buen escrito es un placer contestarlo porque la buena tarea del colega nos eleva intelectualmente, nos desafia a encontrar un mejor argumento, otra perspectiva, una interpretación alternativa.
¿La apariencia del que escribe es directamente proporcional a su escrito o a su forma de hablar?
Les dejo el interrogante.
Buen miércoles.
