El otro día escuché una charla sobre los duelos entre la Licenciada Abigail Rapaport y la Licenciada Gabriela Zaragoza, y tomé notas y transcribo alguna de ellas.

  • El proceso del duelo implica reconocer e integrar una pérdida de algo significativo en la vida y como esto nos cambia de lugar, de identidad.  
  • Se suelta cuando se puede fortalecer algo, reconociendo una nueva habilidad o eligiendo algo distinto.
  • Cada uno es responsable de su propio duelo y de sostenerse en el proceso.
  • El duelo requiere contacto con la situación y con las emociones que esto me produce.

La separación, el fallecimiento, la desvinculación, la disolución nos hace perder la identidad de “esposa de”, “hija de”, “empleado de”, “socia de”. 

Muchos de estos hechos, sino todos, por sus consecuencias,  requieren de un proceso sea judicial o extrajudicial. 

Indudablemente para alguien que no ha incorporado la pérdida de la identidad de ser “esposa de” será difícil encarar el proceso de divorcio o la sucesión del cónyuge, porque no está preparada para ello, por eso hay muchas parejas que se separan físicamente pero continúan unidos en la economía a través de no resolver las cuestiones patrimoniales o muchas familias que pierden un integrante y continúan vinculados a través de las discusiones que se dan en el marco de la sucesión.

El conflicto es una forma de evitar atravesar el duelo, de no tener contacto con él porque la persona está ocupada en una batalla que la distrae, ocupa su tiempo y su cabeza para no sentir. Así los procesos judiciales se reproducen y ocasionan un daño adicional que es el dinero que se invierte en ellos para una lucha sin sentido.

A veces el conflicto sirve para confrontar y fortalecerse, estos son los casos donde además del proceso judicial la persona atraviesa un proceso terapéutico que le permite trabajar aquello que no encontrará respuesta en una sentencia judicial. 

¿Por qué se dan las discusiones? Porque el otro no responde como yo quiero. 

¿Esto impide seguir avanzando? No necesariamente. Puedo trabajar en terapia que hay otras formas de responder además de la que considero correcta.

En algunas oportunidades, se juntan varios duelos no atravesados, estos casos son complejos porque, salvo una escucha atenta, es difícil para el abogado entender:

  • Por qué el proceso es tan largo?
  • Por qué el proceso tiene tantas trabas?
  • Por qué la persona no acepta formulas conciliatorias?
  • Por qué insume tanto tiempo y atención?

La respuesta es porque necesita tiempo, y aun así no está preparado para soltar, para dejar ir.

No se puede apurar el proceso, no se puede atravesar el duelo por el otro, no se puede arreglar, no se puede solucionar. Este proceso es personal y requiere paciencia, respeto y contención, desde un acompañamiento no invasivo.

Creo que el futuro del derecho de familia requerirá una labor interdisciplinaria simultánea para acompañar a las personas en esta integración de las consecuencias personales, vinculares, emocionales y jurídicas que estas pérdidas producen en su vida. 

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