¿Cuantas veces nuestras acciones obedecen a conductas que realiza otra persona? ¿A qué respondemos? Pareciera que hay algo que opera como un desafío o provocación que pone en marcha una dinámica. Algo se dispara dentro de nosotros,  que nos impulsa a la reacción.

Y en esa circunstancia…¿lo que hacemos tiene que ver con lo que queremos  o con una dinámica o patrón de respuesta frente al reclamo del otro?

Preguntarnos esto,  tiene como objetivo tomar conciencia que muchas veces con nuestras respuestas nos convertimos en algo que no somos, algo que el otro necesita para fortalecer su relato.

En tal caso, pareciera que la reacción tiene más que ver con el otro que con nosotros mismos.

En este tipo de situaciones parece conveniente tomarse el tiempo de parar la conversación y dar lugar a algunos interrogantes internos. Lo que voy a responder:

¿Suma?

¿Resta?

¿Daña?

¿Construye?

¿Cuál es el objetivo de mi respuesta?

¿A quién va dirigido?

¿Cada vez que respondo de ese modo, me siento más fuerte o más débil?

Quizá de este modo, en lugar de hacer lo que el otro necesita para continuar con la historia que tiene armada en su cabeza, podemos darnos tiempo para pensar y preguntarnos ¿qué es lo que realmente deseamos hacer frente a la situación? La respuesta no solo puede sorprendernos,  sino que puede producir un cambio en la forma de relacionarnos con el otro.

Para esto es conveniente buscar otra perspectiva para mirar la misma situación desde otro ángulo o a mayor distancia.

Estas formas de responder, podrían denominarse “patrones” o “mapas” se construyen a través del tiempo y a partir de la repetición de la misma conducta durante años, consecuentemente, el establecer una nueva forma de proceder también llevará tiempo y práctica. Puede que algunas veces en este ejercitar,   volvamos a viejos patrones pero en la medida que ejercitemos con frecuencia el nuevo mecanismo es posible modificar a la larga aquél que nos perjudica.

En este desafío de encontrarnos con nuestras propias formas, nuestros nuevos patrones ganamos independencia, libertad, protagonismo y autenticidad.

Padres separados. Necesidad del régimen de comunicación o plan de parentalidad. 

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