Hoy miraba una película “La búsqueda de la felicidad” (The escape), es la historia de una mujer joven casada con dos hijos chicos cuya vida transcurre entre su casa, el colegio de los niños y su esposo. Un día se toma tiempo para ella y compra unos libros. Cuando le comenta a su esposo que tuvo un buen día y que quiere hacer un curso de arte, la recepción del comentario no tiene el efecto deseado. Apuesta por más y se anima a decirle que no es feliz. El esposo la empieza a mirar como a una extraña,  sin entender qué pasa. Para él,  todo estaba bien, todo funcionaba. Así comienza una crisis, creo que de identidad de la mujer, que termina con ella escapando de su casa. Se va a Paris, conoce a un hombre que también está huyendo de su familia. Finalmente, se hunde en una oscuridad profunda y termina en la casa de otra mujer mayor,  que la cobija y le da un lugar donde dormir esa noche. La película podría haber transcurrido sin más gloria que la de una historia común, pero finalmente aparece el momento más brillante del film, la conversación entre las dos mujeres: 

-¿Cómo te sentís?

-Mejor

-Toma un poco de té.

-Gracias

-Dormiste de un tirón. No suelo traer gente a casa pero anoche cuando te vi ahí, se me rompió el corazón. Estabas tan hundida que no pude pasar de largo… ¿Y ahora qué? ¿qué vas a hacer? Yo creo que deberías llamar a tu marido.

-Me da miedo llamarlo

-¿Por qué?

-Porque entonces tendré que confrontar con la situación.

-¿Y crees que por no llamarlo no te estas enfrentando a ella? Por favor, definitivamente tenés que llamarlo. A veces es más consciente el que se queda,  que el que se va. Para una mujer es muy difícil…para el hombre también, pero para una mujer ser libre y estar casada es una contradicción. La protección es amorosa pero el exceso de ella se torna aburrido.

-Y cuando tenés hijos…

-Ese es otro tema. Te sentirá muy bien cuando tomes una decisión. Así podrás acercarte más a tu verdadero yo. Eso es lo bonito. La libertad acaba llegando.                                                        Cambiá tu vida por completo pero intentá cambiarla con él. Y si no funciona, cambiala sin él.

El dialogo es maravilloso, porque todo hace pensar que la mujer mayor pasó por una situación similar y le habla desde su experiencia.

Muchas veces tenemos miedo de hablar acerca de aquello que es difícil pensando que de ese modo no estamos confrontando con la situación, cuando en realidad,  estamos eligiendo el huir como forma de confrontación. Así, el miedo se transforma en el medio, en el recurso,  para desencadenar la crisis. 

¿Realmente pensamos que estamos confrontando con el otro? Creo que lo hacemos con nosotros mismos. La pareja pudo ser la excusa perfecta, la justificación necesaria para esconder nuestra falta de decisión.

No tenemos que elegir entre casarnos y ser libres. No tenemos que renunciar a nada. Encontrarnos, respetarnos a nosotras mismas traerá a nuestra vida,  personas que nos acepten como somos. Solo tenemos que decidir qué queremos y esa pregunta solo podemos responderla nosotras mismas.

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