Hay un ejercicio para cuestiones laborales/profesionales/empresariales/personales que consiste en armar un triángulo en el suelo. En cada punta del triángulo hay un valor/una fuente de recursos. En el vértice superior el conocimiento/ la razón/el equilibrio, a la derecha la pasión/ el amor/la conexión y a la izquierda la estructura/ el orden/la separación. Cada una de las personas que hace el ejercicio debe pararse en el lugar en que siente estar ubicado, más cerca o menos cerca de determinado valor.

La imagen inicial nos marca donde está la persona en la actualidad en el ámbito que se analiza y con relación a cada fuente de recursos. También se puede ensayar cual sería la imagen final a la que quiere llegar y cuáles serían los primeros pasos para llegar a esa imagen.

Para ello, puede colocarse sobre el vértice de cada valor y describir corporalmente que siente frente a cada uno.

¿Qué pasa si en ámbito profesional una persona solo se focaliza  en el conocimiento y este no es un recurso valorado en el lugar donde trabaja?

¿Puede sentirse despreciado, descuidado, desprotegido, inseguro?

Hay quienes en la infancia encuentran en el conocimiento,  la seguridad y protección que no tuvieron en el ámbito familiar. Así aprendieron a confiar en este valor más que en las personas. En el encontraron previsibilidad, tranquilidad y paz. El conocimiento no puede defraudarte.

Si como adulto puede identificar esta confusión y comprender que aquello que sirvió en la infancia como una forma de auto preservación, hoy lo está limitando como persona, podrá agradecer los servicios prestados al conocimiento y encontrar en él uno de los tantos recursos con los que cuenta y que hacen a su idoneidad, pues la seguridad y protección hoy como adulto, puede encontrarla en sí mismo.

Una relación saludable con cada recurso  nos conducirá a la sabiduría de transformarlos en herramientas que nos permitirán vivir en plenitud.

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