Decir “voy a ver al abogado” muchas veces es interpretado como una amenaza o también como una declaración de guerra. 

Un equivalente de “no tenemos nada más que hablar”.

Si la concepción general de la profesión es “el abogado vive del conflicto/juicio”, claramente podría concluirse que,  si el conflicto o el juicio no estaba instalado en cabeza de la persona que concurrió a la consulta y luego de la reunión con el abogado,  aparece, el responsable es el abogado. 

Antes de llegar a cualquier conclusión necesariamente es conveniente formularse los siguientes interrogantes:

  1. ¿Mi actitud pudo haber despertado en el otro la necesidad de consultar?
  2. ¿La propuesta que estoy formulando es razonable?
  3. ¿Será que el otro no tiene claridad para decidir y necesita otra perspectiva?
  4. ¿Será que estoy presionando al otro para que haga lo que yo quiero?

La necesidad de consultar no implica ningún despliegue bélico. 

Frente a los conflictos la mayoría tiene miedo de lo que puede ocurrir y cuanto más incertidumbre, más ansiedad. 

La consulta tiene por objetivo despejar dudas y reducir la incertidumbre, no necesariamente producirá un cambio en lo que habían hablado las partes para autogestionar el conflicto. 

Hay que tener en cuenta que los primeros días posteriores al conflicto hay un estado que lleva a estar dispuesto a hacer cualquier cosa para que termine, pensando que acceder a lo que el otro quiere le pondrá fin a la situación.  

También hay que tener presente que hay situaciones que generan  culpa, bronca, impotencia, entre otras emociones,  y que en esos estados no es bueno tomar ninguna decisión.

Es sano consultar antes de efectuar un acuerdo, porque:

  • La decisión se toma conociendo los derechos que cada uno tiene 
  • La decisión se toma conociendo las consecuencias de no llegar a un acuerdo.

De este modo quién acepta, es responsable de la decisión que toma. 

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